4.9.11

Driver San Francisco


Driver ya está aquí y es una verdadera sorpresa. El episodio San Francisco recupera el pulso de la brillantez del juego original con un lanzamiento innovador, original y rompedor. Está alejada sensiblemente del éxito de la primera y memorable entrega de la saga Driver, pues esta había venido deambulando con escasa aceptación en los últimos años pero tras la adquisición de la propiedad intelectual por parte de Ubisoft, las cosas comenzaron a cambiar.

Ahora Driver se despide del toque setentero del que había disfrutado en sus dos últimos capítulos y apuesta por una ambientación más contemporánea que recupera a John Tanner como héroe y a Jericho como villano, en un videojuego rompedor e innovador como pocos. Utilizando el sistema Shift, que sonó desconcertante en el momento de su anuncio pero que funciona francamente bien en su ejecución práctica, el título de Ubisoft cuenta con la bendición de Martin Edmonson, el padre de la saga.

La trama de Driver: San Francisco es sencilla. Nos cuenta de nuevo la historia de John Tanner en su ancestral enfrentamiento con la corrupción que supone el temible criminal Charles Jericho. En el juego comenzamos nuestra andadura cuando el peligroso villano elabora un sofisticado plan de huída del furgón blindado que lo traslada, sumergiéndonos directamente en una violenta persecución en la que comenzaremos a familiarizarnos con el estilo de conducción sencillo pero efectivo del que disfrutaremos en el videojuego. En un evento inesperado se provoca un accidente y sumerge a Tanner en un coma que inducirá en él una serie de habilidades paranormales con las que tan sólo pulsar un botón podremos literalmente salir de nuestro cuerpo para tomar posesión de otro. Como esto es un juego de velocidad y se han suprimido las secciones de a pié de las que sí constaban algunos de los capítulos anteriores, la acción de la posesión sólo podrá llevarse a cabo con conductores de otros vehículos, no teniendo ningún poder sobre los peatones que de hecho pueblan las calles de San Francisco.



En el momento en el que aceptamos la premisa argumental, podremos empezar a disfrutar de una completísima experiencia de juego desde el punto de vista narrativo. La historia es ciertamente corta, aunque no su campaña que está plagada de actividades para llevar a cabo. Y esto se debe, principalmente, a que apenas habrá un puñado de misiones en las que realmente sentimos que lo que se nos cuenta está avanzando. Todas estas secciones están contadas con un estilo fantástico, en cualidades cinematográficas que reviste el carácter de fantasía absurda que en realidad se nos está contando. 10 horas de un modo historia muy interesante en el que se simultanean con habilidad la conducción pura y dura con las estrategias para saltar de un bólido a otro. 

A nivel de conducción Driver: San Francisco es un videojuego muy sencillo que cumple a rajatabla todos los patrones de la conducción arcade. Se trata de un título accesible a todos los niveles, uno de esos lanzamientos que nos permiten sentirnos muy cómodos desde el primer minuto de juego al volante de nuestro automóvil. No obstante hay que recalcar que a pesar de que la variedad de vehículos está a la orden del día, y que todos ellos cuentan con licencias reales, lo cierto es que no hay muchas diferencias entre conducir unos u otros.

No obstante lo que realmente marca la diferencia es el Shift, que se justifica argumentalmente con el estado comatoso del propio Tanner. Al activarlo, flotaremos por el escenario convertidos en una materia invisible capaz de sobrevolar las calles de San Francisco libremente para escoger cualquier vehículo y tomar posesión del cuerpo de su conductor, al que nosotros veremos con el rostro del propio Tanner, aunque esto se deberá únicamente a evitar confusiones.

Con este procedimiento y el modo libre en el que en realidad se basa toda la experiencia de San Francisco, lo que tenemos entre manos es un videojuego francamente notable. Podemos llevar a cabo infinidad de acciones secundarias de velocidad, acrobacias, huida de coches policiales... Además hay un buen puñado de actividades igualmente accesorias que llevan adheridas pequeñas historias, las cuales nos permitirán ir desbloqueando misiones principales, pero también puntos que podremos utilizar para mejorar las habilidades de Tanner. Poco a poco, y con ayuda de las propias misiones, iremos liberando destrezas especiales para nuestros vehículos como la posibilidad de embestir a otros coches o incluso comprar otras nuevos. El videojuego, además, anima a los usuarios a realizar maniobras de mucho riesgo premiándonos, también, con cantidades de puntos.



Así pues este conglomerado de elementos hace que Driver: San Francisco sea un videojuego mucho más que sólido, un juego muy divertido aunque con pequeños fallos: como algunos de los elementos de conducción no tan cuidados, una IA rival un tanto tramposa y algunos fuertes cambios de dificultad que no siempre está calibrada con éxito. No obstante, ante estas pocas pegas hay montones de virtudes de un modo campaña francamente exitoso que se completa además con un multijugador soberbio.

En este multijugador, hay hasta 19 opciones en este sentido, con más de una decena de ellas de carácter on-line, tres cooperativas a pantalla dividida y cinco más de carácter off-line. Carreras sencillas, pruebas de velocidad y habilidad, retos cooperativos, persecuciones, etc.

A nivel visual, con Driver: San Francisco estamos ante un videojuego muy potente. Por la parte artística, hay que mencionar la brillantez con la que ha sido recreada la ciudad de San Francisco, una de los verdaderas protagonistas de la estética del juego. Los vehículos también cuentan con un apartado visual sobresaliente haciendo gala de unas recreaciones fantásticas de los modelos reales que cuentan con licencia.


En la recta final del videojuego las cosas se vuelven un tanto sobrenaturales, no obstante esto no es algo que nos aleje del máximo realismo que podemos observar en el juego.

Hay características visuales fantásticas que contribuyen a mejorar notablemente cualquier faceta del videojuego. Además las escenas que se desarrollan in-game, también tienen un aspecto muy poderoso, acompañadas por imágenes de los personajes charlando entre sí en los extremos superiores de la pantalla en una composición de lo que vemos en imagen muy acertada y muy bien aprovechada. Los vehículos cuentan con unas físicas no muy realistas pero muy dentro de los roles que marca la historia del propio título. El juego no trata de ser veraz, sino demostrar una ciudad en la que desarrollar un juego divertido y, en este sentido, San Francisco triunfa con unos coches capaces de hacer piruetas imposibles pero que, al mismo tiempo, cuentan con unas muestras de daños más que notables.



El título llega a nuestro país doblado y traducido a nuestro idioma por actores habituales de doblaje de videojuego cuyas voces nos sonarán sobradamente, pero que tienen una calidad dramática muy respetable. La banda sonora está cargada de temas contemporáneos y antiguos, quizá no demasiado conocidos en su mayoría pero con algunas canciones de calidad, y los efectos de audio cumplen su trabajo con notable solvencia.

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